
Generalmente se relaciona a una persona que reacciona instintivamente con la presencia de seguridad, extroversión, despreocupación y una alta autoestima. Básicamente no le da muchas vueltas a las cosas porque se la sopla. Mientras que una persona reflexiva es alguien frío, calculador, introvertido, preocupado por las consecuencias de sus acciones y, en general, temeroso de que las cosas le salgan mal. He aquí la razón por la que divaga tanto a la hora de actuar, buscando la solución perfecta a un conflicto. Seguro que usted, lector, reconoce ambas conductas por pura experiencia. Porque uno puede inclinarse más por una cosa que por la otra, pero siempre dependerá de la magnitud del conflicto al que nos enfrentamos, y su importancia en nuestra vida. No es lo mismo decidir entre un yogurt natural y uno bífidus que decidir qué hacer en una relación amorosa. Depende, todo depende, como decía Jarabe de Palo. Generalmente, se tiende a la intuición cuando algo no nos importa demasiado y a la reflexión cuando es algo verdaderamente importante. En cuanto a la Dinámica Social, yo no estaría de acuerdo con esto. Para mí uno debería guiarse por sus intuiciones.
Intuición ---------------------------------------------------------------------- Reflexión
< sistema de valores >
He aquí la razón de la encuesta acerca de las preferencias de cada uno a la hora de actuar. Intuición o Reflexión? La encuesta se saldó con una participación histórica en este blog, con la cantidad de 9 votos acumulados (ains...). En ella, la intuición le daba un abrumador repaso a la reflexión a la hora de actuar (8 a 1) y, la verdad, me alegro del resultado. Para diferenciar mi posición en este tema, he de decir que, en cuestión de relaciones sociales, la reflexión es una mierda, porque a menudo lleva a equívocos. De cara a la gente hay que ser intuitivo, rápido, seguro. Ser uno mismo.
Dicen que uno nunca puede equivocarse si ha llegado a donde ha llegado razonando. En este tema de las relaciones sociales esta afirmación cojea. Imaginemos a un chavalín tímido cuya familia se ha mudado de ciudad y ahora tiene que integrarse en el colegio. Por desgracia, en su clase los grupos están muy definidos y chocan con la personalidad del chico. Razonando, podríamos deducir que si el chaval quiere encajar en alguno de los grupos debe amoldarse a uno de ellos, así de primeras. Con el tiempo, peloteando a los colegas, hablando de cosas que ni le van ni le vienen ni le interesan y, en definitiva, rebajándose a ser alguien que no es se terminará haciendo con un hueco en la manada. Una vez asegurado dicho hueco, empezará a mostrarse tal y como es, cuando tenga la seguridad de que su sitio en el grupo no peligra. Estoy harto de verlo. Lo he visto así de veces (manos hacia arriba haciendo el gesto de "mucho"). Pues bien, analizando el ejemplo podemos concluir:
- El chaval tiene un sistema de valores en el que da importancia a cosas ínfimas como "encajar", ser uno más, por delante de su propia personalidad y dignidad. Seguro que la adaptación al grupo ha sido desagradable al hacer cosas que en realidad no le gustaba hacer. Así demuestra inseguridad y una baja autoestima.
- Una vez se ha hecho con su sitio, ha comenzado a mostrar su verdadera personalidad (lo que llamaríamos "perder la timidez"). Si, desde un primer momento, el chaval hubiese sido el mismo, acorde a sus instintos, seguramente en el primer día ya tendría 3 o 4 amigos. Es así porque los seres humanos sentimos curiosidad y a veces incluso admiración por alguien que parece no necesitarnos para nada, por alguien autosuficiente. Nos transmite seguridad y por eso tendemos a acercarnos a él/ella. No lo digo yo, lo diría cualquier colegio de psicólogos.
Dice el libraco gordo de la RAE:
intuición.
(...)
4. f. Fil. Percepción íntima e instantánea de una idea o una verdad que aparece como evidente a quien la tiene.
reflexión: Acción o efecto de...
...reflexionar. 1. intr. Considerar nueva o detenidamente algo.
Ahora, venga: cuál os gusta más? eh? eh? Después de haber estado buscando frases sobre este tema (al principio de la entrada) y haber leído las definiciones, me quedo con la de la intuición. Me gusta la osadía, el descaro y la prepotencia que emana de la misma definición. La seguridad que transmite. A fin de cuentas, si tú intuyes (o comprendes instantáneamente) algo, para qué reflexionar (o considerarlo nueva y/o detenidamente) antes de actuar en consecuencia? Porque si se reflexiona es porque no se tiene claro que todo va a salir bien.
Bueno, una vez dejada clara la relación que yo veo entre las formas de actuar y los estados de ánimo (la cual espero que genere polémica, porque si no es aburridísimo escribir estos ensayos... :) ) terminaré comentando un par de cosas:
Lo primero, es que si hay alguna regla universal que se carga la relatividad de esta vida es que las posturas, sean cuales sean, llevadas a extremos nunca son beneficiosas (cuando digo posturas me refiero principalmente a planteamientos). Claro que la intuición tiene sus pegas, sobretodo si dejas actuar instintivamente a un psicópata; y claro que reflexionar no está tan mal, sobretodo si eres presidente del gobierno y tus decisiones afectan a millones de personas. La libertad de un individuo termina donde empieza la de otro. Para que algo funcione debe estar en equilibrio.
Y por último, quiero finalizar la entrada con mis experiencias personales. A mí, la verdad, me va mejor desde que incliné la balanza a favor de la intuición, si no no os contaría este tostón. Hay que tener cuidado con tanta reflexión (o como se conoce en el argot popular "comerse la cabeza") porque en exceso te termina pudriendo. Todo el día formulando hipótesis y llegando a creértelas, da igual sobre qué, gente, trabajo, amor... olvidando que son sólo eso, hipótesis. Además, cuando uno actúa por instinto y se equivoca, no le fastidia tanto como si hubiera estado horas y horas pensando que hacer para que luego le salga mal.
Siempre he dicho que la ignorancia es la base de la felicidad, y qué razón tengo. Me encantaría ser un ignorante (quiero decir, más todavía) para no tener tanto en qué pensar. Tanto por lo que, a veces, sufrir. Tanto por lo que, alguna vez al mes, escribir en el blog ;).
...reflexionar. 1. intr. Considerar nueva o detenidamente algo.
Ahora, venga: cuál os gusta más? eh? eh? Después de haber estado buscando frases sobre este tema (al principio de la entrada) y haber leído las definiciones, me quedo con la de la intuición. Me gusta la osadía, el descaro y la prepotencia que emana de la misma definición. La seguridad que transmite. A fin de cuentas, si tú intuyes (o comprendes instantáneamente) algo, para qué reflexionar (o considerarlo nueva y/o detenidamente) antes de actuar en consecuencia? Porque si se reflexiona es porque no se tiene claro que todo va a salir bien.

Lo primero, es que si hay alguna regla universal que se carga la relatividad de esta vida es que las posturas, sean cuales sean, llevadas a extremos nunca son beneficiosas (cuando digo posturas me refiero principalmente a planteamientos). Claro que la intuición tiene sus pegas, sobretodo si dejas actuar instintivamente a un psicópata; y claro que reflexionar no está tan mal, sobretodo si eres presidente del gobierno y tus decisiones afectan a millones de personas. La libertad de un individuo termina donde empieza la de otro. Para que algo funcione debe estar en equilibrio.
Y por último, quiero finalizar la entrada con mis experiencias personales. A mí, la verdad, me va mejor desde que incliné la balanza a favor de la intuición, si no no os contaría este tostón. Hay que tener cuidado con tanta reflexión (o como se conoce en el argot popular "comerse la cabeza") porque en exceso te termina pudriendo. Todo el día formulando hipótesis y llegando a creértelas, da igual sobre qué, gente, trabajo, amor... olvidando que son sólo eso, hipótesis. Además, cuando uno actúa por instinto y se equivoca, no le fastidia tanto como si hubiera estado horas y horas pensando que hacer para que luego le salga mal.
Siempre he dicho que la ignorancia es la base de la felicidad, y qué razón tengo. Me encantaría ser un ignorante (quiero decir, más todavía) para no tener tanto en qué pensar. Tanto por lo que, a veces, sufrir. Tanto por lo que, alguna vez al mes, escribir en el blog ;).